Antes que llegaran los
ordenadores y tiempo después, los expedientes de casos se reducían a carpetas
de cartón que estaban ordenadas alfabéticamente según apellidos, y en todas se
incluía el mismo modelo de ficha social, previamente acordada por los equipos, pues
en aquellas fechas existían diversos modelos. La ficha social consensuada se
fotocopiaba una y otra vez para poder cumplimentarla en cada caso nuevo que
acudía al servicio. Cada ficha se rellenaba a mano con los datos
identificativos de los miembros de la unidad de convivencia, aspectos sociales,
relaciones… diagnóstico y propuesta de intervención, a la carpeta expediente se
añadían folios en los que se anotaban entrevistas, gestiones o visitas que la
profesional iba realizando. Al final de cada jornada los expedientes utilizados
o abiertos por primera vez se guardaban en mueble archivador metálico que era
cerrado con llave.
En esos momentos era
inimaginable que aquellos ordenadores pudieran incorporar los expedientes con
los que se trabajaba. Incluso alguna persona profesional renegaba de los
ordenadores en los despachos de atención, decían que se perdía la relación con
la persona usuaria por la necesidad de introducir datos en el ordenador
perdiendo el contacto con la persona para centrarlo en la pantalla.
Hoy miro atrás y me sorprende
que la labor profesional de trabajadores y trabajadoras sociales se mantiene
intacta, y que la incorporación de las nuevas herramientas (tecnológicas) están
facilitando y mejorando el trabajo en rapidez y en eficacia. Las tecnologías ya
son imprescindibles en nuestro trabajo.
Pero, sorprende, que la
necesidad de entonces y de ahora de disponer de datos fiables de la población
que atendemos y del conjunto de intervenciones que se realizan, que nos permita
diagnosticar la realidad social en las que trabajamos, para poder planificar
actuaciones e intervenciones más acertadas de prevención y de atención. Se observa
que incluso con las nuevas herramientas tecnológicas seguimos con dificultades en
la obtención de datos fiables que permitan conocer y diagnosticar la realidad social
en la que intervenimos.
Si el Sistema Público de
Servicios Sociales quiere avanzar y dar respuestas a los problemas y
necesidades sociales, tiene que implementar herramientas eficaces tanto para la
intervención como para la obtención de datos de la población que es atendida en
los servicios sociales. De lo contrario seguiremos poniendo parches a las
necesidades y problemáticas sociales, y el sistema se moverá en terreno quebradizo
provocando ineficacia en las respuestas.

