domingo, 18 de diciembre de 2022

LOS DATOS

 



Recuerdo como llegaron los primeros los primeros ordenadores a los servicios sociales comunitarios, en la década de los noventa. No había ordenadores para todas las personas profesionales de los centros. Eran aparatosos, monitores de tubo y torres muy pesados y voluminosos, además ocupaban mucho espacio en las mesas, un software cortito y disquetes de 3,5, y no se disponía de conexión a internet ni acceso a ninguna red.

Antes que llegaran los ordenadores y tiempo después, los expedientes de casos se reducían a carpetas de cartón que estaban ordenadas alfabéticamente según apellidos, y en todas se incluía el mismo modelo de ficha social, previamente acordada por los equipos, pues en aquellas fechas existían diversos modelos. La ficha social consensuada se fotocopiaba una y otra vez para poder cumplimentarla en cada caso nuevo que acudía al servicio. Cada ficha se rellenaba a mano con los datos identificativos de los miembros de la unidad de convivencia, aspectos sociales, relaciones… diagnóstico y propuesta de intervención, a la carpeta expediente se añadían folios en los que se anotaban entrevistas, gestiones o visitas que la profesional iba realizando. Al final de cada jornada los expedientes utilizados o abiertos por primera vez se guardaban en mueble archivador metálico que era cerrado con llave. 

En esos momentos era inimaginable que aquellos ordenadores pudieran incorporar los expedientes con los que se trabajaba. Incluso alguna persona profesional renegaba de los ordenadores en los despachos de atención, decían que se perdía la relación con la persona usuaria por la necesidad de introducir datos en el ordenador perdiendo el contacto con la persona para centrarlo en la pantalla.

Hoy miro atrás y me sorprende que la labor profesional de trabajadores y trabajadoras sociales se mantiene intacta, y que la incorporación de las nuevas herramientas (tecnológicas) están facilitando y mejorando el trabajo en rapidez y en eficacia. Las tecnologías ya son imprescindibles en nuestro trabajo.

Pero, sorprende, que la necesidad de entonces y de ahora de disponer de datos fiables de la población que atendemos y del conjunto de intervenciones que se realizan, que nos permita diagnosticar la realidad social en las que trabajamos, para poder planificar actuaciones e intervenciones más acertadas de prevención y de atención. Se observa que incluso con las nuevas herramientas tecnológicas seguimos con dificultades en la obtención de datos fiables que permitan conocer y diagnosticar la realidad social en la que intervenimos.

Si el Sistema Público de Servicios Sociales quiere avanzar y dar respuestas a los problemas y necesidades sociales, tiene que implementar herramientas eficaces tanto para la intervención como para la obtención de datos de la población que es atendida en los servicios sociales. De lo contrario seguiremos poniendo parches a las necesidades y problemáticas sociales, y el sistema se moverá en terreno quebradizo provocando ineficacia en las respuestas.

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